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domingo, 7 de noviembre de 2010

La Trilogía Crepúsculo: enfriando necesidades

Por: Andreina Gutiérrez



Cualquier referencia mínima a la saga vampírica de Stepenie Meyer, tanto de los libros como de las películas, debe necesariamente llevar el calificativo “fenómeno” en su descripción. Fenómeno editorial, fenómeno de taquilla, fenómeno cultural. Crepúsculo, Luna Nueva y Eclipse se replican a sí mismas en el cine como en el papel. Lo que logran como best-seller lo han logrado como blockbuster. Y aún queda el último capítulo, Amanecer, recientemente publicado y que ha recibido severas críticas de los fans de la saga por ser aparentemente más sangriento que los anteriores capítulos. Lo que podría ser el punto de partida de tanta histeria colectiva sería que en la trama (atención spoiler!) Bella y Edward finalmente consuman su relación y ella queda embarazada. Ya se ha anunciado la producción cinematográfica de esta última parte de la trilogía la cual consistirá en dos películas, la primera de las cuales se estrenaría exactamente en un año.

Aunque se sienta la necesidad de catalogar algo que por sí mismo carece de la suficiente sustancia para ser en realidad un referente cultural, más allá de la publicidad, los subtextos lo son todo. Crepúsculo, en este caso la saga fílmica, está intrínsecamente consustanciada con nuestro tiempo. El miedo es libre y se ha apoderado de los padres quienes paranoicos, no ven cómo proteger a sus hijos de las miserias de un mundo en crisis total.

El primer gancho es la estética, esa fotografía que ciertamente atrapa, las tomas panorámicas de idílicos y a la vez atemorizantes paisajes boscosos de Norteamérica, irónicamente calientan las entrañas de millones de adolescentes congeladas por los vientos polares del renacer conservador post 11 de septiembre. Hay una sencillez avasallante en esas tupidas montañas que dan la sensación de que todo está determinado desde un principio, de que no hay cambio posible; a pesar de que todo se transforma sigue siendo igual.

Bella es la heroína típica de las novelas rosa y además se circunscribe en el “celebritismo” del reality show del star sistem actual: es lo máximo solo por existir, por ser mujer, no porque haga nada más, así el mundo gira a su alrededor, ella es el centro del universo para humanos, vampiros y lobos. En un principio no entiende de qué va tanta atención, ella es un objeto brillante ante los ojos de criaturas simples sumidas en una atmósfera de hastío existencial. El aburrimiento en Forks es tal que la chica nueva de la escuela se convierte en el juguete de todos. Y Bella termina creyéndoselo. Los mundos opuestos se enfrentarán por ella. Ni siquiera es una metáfora, está claro para todos que lo importante es preservar la castidad de Bella.

Una vista superficial a la biografía de Stephenie Meyer explica todos los contrastes que en sus libros muestra como el deber ser. Madre de 3 hijos, mormona, creció entre dos ciudades opuestas, una fría y otra caliente, todo tiende a decirnos que el dualismo es la constante en la vida y que simplemente hay que aceptarlo. Unas pocas escenas de la madre de Bella viviendo en Phoenix, recibiendo el sol y agradeciendo ese baño de vitamina E, con una paleta de colores ocres, marrones y amarillos brillantes, lo corroboran. No está de más, es un guiño. Es apenas una visita de Bella a su madre, no debe quedarse allí donde el calor la obligaría a ropajes ligeros que descubrirían su feminidad. Su lugar es al norte en el frió de la montaña, donde la densidad del bosque, la nieve y los dogmas la cubrirán perfectamente. Luego la tristeza por el alejamiento de la madre será sustituida con una serie de amigos sofisticados, personajes vacíos que aparentan una personalidad cool aderezada con un look ligeramente gótico. Hasta que se encuentra con los Cullen que son el sumun del aburrimiento snob.

Si no fuera por los vampiros y los lobos, los humanos del pequeño pueblito montañoso se suicidarían en masa. No existe resistencia a su presencia. No se trata de coexistir, no es tolerancia, sin ellos simplemente no pasaría nada. En Forks todo es quieto, silencioso, muerto. Y sin embargo los vampiros le dan vida. Esos seres ya muertos, literalmente de hielo, tienen una necesidad de apasionamiento que ninguno de los humanos por más histéricos que sean, muestran. La sensación de finitud pesa demasiado hasta que aparecen las criaturas inmortales que como no chupan sangre, le devuelven el hervor que se supone algún día tuvo.

Las críticas hacia la excesiva descripción literaria de Meyer, ella las opaca con un cameo sonriente en la primera entrega de la saga cinematográfica, como si perteneciera a los lobos, marcando su territorio aunque ese sea el de los textos y no el de las imágenes. Si Stephen King lo ha hecho, por qué ella no. Es el reinado de la feminidad agotada de nuevo cuño, el renacer de un feminismo harto de supermujeres pero aún cauto ante la obviedad de la maternidad. Ojo que Bella no es Lisbeth Salander, más bien es su antítesis necesaria. Si los hombres no amaban a las mujeres, entonces los vampiros y los lobos las amarán!

El casting de actores es otro punto a analizar. Ni una sola cara medianamente importante ni conocida, con la inmensa excepción de Dakota Faning, quien aparece más como actriz invitada. Por lo demás, se trata de sangre nueva, de verdad. El mundo cambió, se acabo hace unos pocos años. Olvídate de Tom Cruise y su Lestat en Entrevista con el Vampiro, eso fue en el siglo pasado. En Forks todo es nuevo aunque en realidad es viejo. La imposición de la novedad, de la juventud, del amateurismo también es una dictadura. Pero ni los adultos ni los ancianos en Forks hacen ninguna resistencia tampoco, no hay tal conflicto generacional. El problema es la misma juventud. Tu enemigo eres tú mismo, no son tus padres. Tus problemas se resuelven convirtiéndote en adulto serio y responsable. Los mayores no se sienten desplazados por los más jóvenes, sólo esperan pacientemente que estos se les unan. Al final Bella caerá más fácilmente ante el influjo del matrimonio que ante las fuerzas sobrenaturales.

Pero antes pagará una novatada soft, representada en la atracción física hacia Jacob el lobo. El imprescindible topless de Taylor Lautner en 2 de las 3 cintas es al menos una concesión que la propia Meyer se permite: el hombre como objeto sexual. Lo que no puede permitirse es que sea anecdótico. Al menos Jacob debe amar a Bella. Lastimosamente Meyer no es tan inteligente. Acude a varios estereotipos del deseo femenino: la musculatura, los rasgos fuertes, la virilidad. Y para colmo es racista. Jacob no solo es un lobo, pertenece a una tribu indígena, que es como explica su contacto con la naturaleza y lo primigenio. Su piel morena no solo contrasta con la blancuzca piel de Edward, sino con la de todos en el pueblito montañoso. Él es el verdaderamente diferente en el grupo, los vampiros hasta que no demuestren que lo son, solo parecen niños ricos aburridos. El aborigen, el primitivo, representa la tentación, le recuerda a nuestra heroína sus propios instintos básicos. Pero Jacob es solo una distracción en el camino hacia la corrección política de Bella, de hecho una sana distracción en tanto sirvan sus poderes lobeznos para protegerla. Así Bella puede tener su pequeña fantasía erótica pero pronto regresará a los brazos del blanquecino y ricachón Edward, con quien no solo deberá cumplir la misión tácita que le encargan los Cullen, sino que lo hará de la manera más políticamente correcta.

En la sala oscura el público adolescente interactúa con la cinta de maneras que recuerdan ligeramente a las antiguas salas XXX, cuando menos los gritos y suspiros ante el ‘descamisado’ lobo, dan cuenta de una doble comprensión del mensaje de las cintas, otros develan con risas su burla ante la prudencia sexual de Bella, sin embargo la corrección política termina por imponerse, el consenso de los fans alrededor del mundo es claro: Bella y Edward esperarán hasta que se casen.

Como si acabarán de descubrir que existen los vampiros y hombres lobo como personajes literarios, una generación se vuelca en masa a adorar no una historia, predecible y poco novedosa, ni unos personajes, vacíos y sin mucho que ofrecer, más bien se rinden ante la idea de una vida tranquila y monótona, la que debería existir una vez se acabe con las fuerzas del mal. En un mundo al borde de la locura, los padres se apresuran a comprar los libros y llevar al cine a sus hijos a mostrarles la promesa de un mundo mejor que ellos mismos deberán construir siguiendo los lineamientos del conservadurismo más anacrónico. En un planeta superpoblado las nuevas generaciones deberían entender que el tener hijos es solo una opción, y las historias de vampiros y lobos ahora parece que son perfectas para explicar los peligros de la procreación no planificada.

viernes, 26 de marzo de 2010

DAYBREAKERS o del cómo convertir una idea brillante en un simple Blockbuster

Este artículo contiene spoilers

Daybreakers es un buen intento. Una idea súper novedosa y original. Un guión con un potencial ilimitado. La promesa de una película de culto. Pero diantres, el resultado, a pesar de satisfactorio, es otro: una cinta convertida en un simple blockbuster. Una mera empresa de entretenimiento.

Sin duda Daybreakers va a mover al público al cine. El argumento, sencillamente maravilloso, ha creado una distopía genial: los vampiros han llegado a ser la mayoría en el mundo; la minoría humana está siendo perseguida, apresada por su sangre, llevada a “centros de ordeño” donde se les extrae el preciado líquido vital. Pero no es suficiente. La escasez de humanos pone en jaque el consumo de sangre y la nueva raza se ve amenazada con la extinción.

Después de revisar el cine de vampiros, no se puede negar que se trata de algo nuevo e interesante. Por fin una cinta trata de responder las preguntas que genuinamente se hace todo el que se haya puesto alguna vez a pensar sobre las consecuencias de la existencia del vampiro: ¿Y qué sucede cuando los vampiros sean la mayoría? ¿Pueden llegar a serlo? ¿Y qué sucede cuando ya no haya más humanos? Pero no pienso repetirme. Si se analizan esas preguntas y se comparan con el argumento señalado, se prevé un resultado grandioso. ¿Por qué no lo es?

Daybreakers es una película de vampiros con un tema que a pesar de poder ser explotado con profundidad, con maestría, es simplemente enfocado como una película de taquilla. Muchas coincidencias innecesarias, muchas secuencias de acción innecesarias, un desenlace innecesario y predecible, en fin. Innecesario. Frustrante. Es como ver  uno de esos niños genios que al crecer terminan siendo luego en su adultez el mejor gerente de un Mcdonalds.


Ethan Hawke es Edward Dalton, un vampiro hematólogo al servicio de un gigante corporativo cuya misión es conseguir un sustituto alimenticio para su raza. Sin embargo, Dalton no está muy claro acerca de su identidad y desde hace tiempo no consume sangre humana, situación que le pone en peligro de degenerar, hasta quedar convertido en una bestia hambrienta incapaz de pensar (de más está decir que aquellos vampiros que no tienen recursos para comprar la escasa y carísima sangre que hay en el mercado, terminan de esta forma). Pero Dalton no está a gusto siendo vampiro. Todavía parece añorar ser humano. Y en tal sentido se enfrenta a dos dilemas: el primero, no está seguro si debe buscar un sustituto a la sangre, o más bien una cura a su condición, la dicotomía “Enfermedad Vs. Raza superior”; y el segundo, no sabe si conseguir un sustituto remedie la situación, pues las empresas “ordeñadoras” planean seguir explotando a los pocos humanos que queden aún si consiguen un sustituto de la sangre, una manera más que rentable de obtener ganancias gracias a un monopolio exclusivo.  Hasta aquí la cosa va de mil maravillas. Uno se regocija hasta este punto  (como cuando se ve la primera mitad de Inteligencia Artificial, luego destrozada en la segunda restante). La cuestión viene después, cuando el hematólogo hace contacto con los humanos. Pura técnica de guión comercial hollywoodense. Puras coincidencias. Pura resolución de taquilla.


Técnicamente la película se destaca. La fotografía y la escenografía futurista son de lujo y la coloración azul y blanca impecables. Los efectos especiales, pues son buenos, como era de esperarse para una película de taquilla. Las actuaciones están medianamente bien, salvo ciertos momentos melodramáticos en los que los actores no dan pie con bola (Willem Dafoe, Sam Neill, Michael Dorman, Ellie Landon, Isabel Lucas). En fin, la dirección y la producción hicieron su trabajo.


Hay una carambola en la película que no dejo de pensar que es gratuita. Una suerte de crítica que no fue pensada pero que surgió de pura suerte. Todo el asunto del gigante corporativo queriendo aprovecharse de la tragedia en ciernes, su especulación con la sangre; la degeneración del vampiro promedio a consecuencia de no tener los medios para comer y su consecuente degeneración, persecución y exterminio; que sólo se salven aquellos  vampiros con recursos para vivir, los mismos que rigen la sociedad, los mismos que persiguen a la raza humana... Me suena a postura política. A mensaje oculto tipo zombies de “George Romero”.


Lo que sí es cierto es que la película toma bastantes elementos del vampiro del romanticismo: son pálidos, no pueden sobrevivir a la luz del sol, no se reflejan en los espejos, los humanos los combaten con estacas y ballestas; todo ello combinado con los elementos de una sociedad del futuro: cambio del ciclo circadiano, modernos túneles subterráneos para caminar en el día, automóviles protegidos de la luz, alarmas contra amanecer… Un vampiro clásico en una sociedad del futuro.


En todo caso, Daybreakers es un logro frente a la nueva generación de películas románticas para adolescentes, como las de Stephenie Meyer: Crepúsculo, Luna nueva y Eclipse.


Todo esto es lo que creo. Aunque me odien.



Vía / Der Vampyr


jueves, 28 de enero de 2010

¿Existen los vampiros?

Los vampiros dan para todo. En el caso específico del cine, la filmografía no sólo es variada sino extensa. Y compleja. Si se tiene interés en el tema y para tener una idea general al respecto, recomiendo leer el artículo Sangre, no muerte y amor eterno, escrito por Sergio Marcano en este blog. En el ensayo en cuestión Marcano nos habla de manera sucinta de la evolución cinematográfica del mito vampírico, echando mano para ello de breves reseñas de películas.

Lo cierto es que, al igual que la literatura, el mundo del cine está lleno de historias de vampiros. Uno podría pasar horas enteras escribiendo sobre el tema, pues la cuestión da para mucho, ello a pesar de que se trata de seres de ficción ¿o no?

En la actualidad parece haber un repunte fílmico en la explotación del recurso vampírico: tenemos el fenómeno de la serie Crónicas Vampíricas, las adaptaciones (a mi parecer espantosas) a los libros de Stephenie Meyer (Crepúsculo, Luna nueva, Eclipse) y el anuncio de estrenos como el Drácula de Alex Proyas, Daybreakers y Priest (un western de vampiros), entre otros. Pero, ¿cree la gente en los vampiros? ¿Por qué mueven a tanto estos seres inmortales? ¿Existen o no?

Buscando sobre el tópico, me tope con un excelente reportaje del diario El País, Vampiros ¿existen de verdad?, en el que se trata de dar algunas respuestas al asunto. A pesar de ser de Mayo del año pasado, el escrito no pierde vigencia:

" (...) ¿Por qué los vampiros no han perdido ni un ápice de atractivo para el público? "En nuestra sociedad, la medicina ha prolongado la vida, y la muerte se ha transformado en algo no familiar", concluye Daniel Collins. "La mayoría de la gente muere en los hospitales en vez de en sus hogares". La industria funeraria es muy rentable, y los fallecidos son maquillados para tener un aspecto saludable. "El vampiro que vive tras la muerte desafía lo establecido, y la sociedad occidental moderna siempre ha valorado algo como echar abajo los tabúes, romper con lo prohibido, por lo que la idea de cruzar la frontera hacia un territorio prohibido es muy atractiva e inspiradora. La línea entre la vida y la muerte es el tabú". Los vampiros, en definitiva, desafían esa línea imposible, van y vuelven, y eso les hace irresistibles. (...)".

Para leer el artículo completo presiona AQUI

Así que, aunque no nos topemos con uno, tendremos vampiros para rato. Y el cine no será una excepción.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Sangre, no muerte y amor eterno.

Por Sergio Marcano

-Evolución cinematográfica del mito vampírico-


Vampiros, no muertos, seres inmortales, amorales, aculturales, atemporales, sobrehumanos. ¿Cuál es la clave de nuestra evidente empatia hacía ellos?, ¿Por qué despiertan nuestra fascinación?, ¿en qué radica su encanto?

La respuesta quizás sea bastante fácil de encontrar, y es que todos los seres humanos, lo entendamos o no, lo queramos o no, lo aceptemos o no, nacemos para morir. Ellos, los vampiros, por diferentes causas ligadas a castigos divinos, a maldiciones religiosas, o a mordidas infecciosas –recibidas voluntaria o involuntariamente-, asistieron a la cita con la muerte y volvieron del encuentro conservando su yo para contarlo.

Ellos son claramente superiores a nosotros, poseen fuerza, velocidad y sensorialidad sobrehumana. Y su estancia en la tierra viviendo junto a nosotros, en nuestras sociedades, les ha permitido ser espectadores en primera fila de nuestros constantes cambios sociales, políticos, religiosos, morales; evoluciones o involuciones que con el paso de los años, les ha dotado de un entendimiento claro y concreto de lo que es la naturaleza humana, tanto para hacer el bien, como para hacer mal, ellos simplemente están más allá de esos parámetros.

A los estudiosos del tema les resulta complicado establecer el nacimiento del mito del vampiro, porque su leyenda se encuentra diseminada en muchas de las creencias mitológicas y folklóricas de casi todas las civilizaciones del mundo desde tiempos inmemoriales.

Lo que es seguro es que a partir de siglo XIX, con la llegada del romanticismo, comienzan a proliferar historias sobrenaturales y el vampiro es uno de los mitos mas populares a desarrollar por algunos novelistas, entre los que tenemos a John William Polidori quien escribe “El Vampiro” -1819-, o como Sheridan Le Fanu que escribe “Carmilla” -1872-, pero no es hasta 1897 que aparece la novela más famosa sobre vampiros escrita en el planeta tierra: “Drácula” de Bram Stoker, según dicen diferentes fuentes especializadas, inspirada en Vlad -el Empalador- Dracul, uno de los gobernantes más crueles y sanguinarios de la Europa oriental del siglo XV.

Una novela que tendrá un profundo impacto en el desarrollo de las historias de vampiros que serán llevadas a la pantalla grande casi desde el nacimiento del cine.

Y como este blog habla precisamente de cine, me he propuesto describirles un grupo de películas sobre vampiros que han alimentado, preservado y hecho evolucionar uno de los mitos más populares de la cultura pop internacional del mundo contemporáneo, películas imprescindibles, incluso necesarias para cualquier mortal que se precie de ser un amante del género de vampiros.

La primera película de vampiros que voy a mencionar es “Nosferatu, una sinfonía del horror” -1922- del visionario y vanguardista director alemán Friedrich Wilhelm Murnau, basada libremente en la novela “Drácula” de Bram Stoker, esto debido a que el estudio cinematográfico Prana-Film no consiguió los derechos de la novela original. En esta película el vampiro –interpretado magistralmente por Max Schreck- es un ser abyecto, maldito, de pálido rostro, lánguido cuerpo, afilados dientes –no colmillos- y definitivamente nada seductor.

Pero ya en este largometraje se perfilan por primeras vez muchos de los elementos que por años el cine respetará como características del vampiro, hablo de imposibilidad de ver la luz del día, rechazo a los crucifijos, así como el cándido enamoramiento del vampiro hacia el personaje femenino –una línea temática que, vale aclarar, no forma parte de la novela original de Bram Stoker-. Esta es sin lugar a dudas una de las películas más poéticas y a la vez más perturbadoras que se han hecho sobre el tema.

En 1931 en Estados Unidos, el prolífico y siempre interesante Tod Browning filma “Drácula” para la productora cinematográfica Universal, en esta película, basada en una versión teatral hecha para Broadway, el vampiro se convierte en un caballero de porte aristocrático y de noble estirpe, interpretado por, él hasta ese momento desconocido, Bela Lugosi, vistiendo siempre de smoking y con aspecto abiertamente sibarita.

Una de las características más interesantes, y que yo considero que vale la pena apreciar con particular interés en este clásico, es la perturbadora e irracional interpretación que hace el actor Dwight Frye al personaje de Rendfield, el asistente del conde Drácula, posiblemente la mejor y más convincente interpretación de este personaje hecha en lo que va de historia del cine. Para el año de 1958 Terence Fisher dirige “Horror of Drácula”, para la afamada productora de terror y ciencia ficción inglesa Hammer Films.

En esta versión el papel del conde Drácula está a cargo de uno de los actores que mejor encarnó al vampiro: Christopher Lee, quien se encargará de otorgar por primera vez al personaje esa carga sexual que hoy en día le es tan característica, una sensualidad que hará delirar de terror y de placer a las mujeres a lo largo de la década de los sesentas con todas y cada una de las películas posteriores que este film generó.

En todas estas versiones es muy interesante observar con detalle las puestas en escena, caracterizadas por unos muy imaginativos y definitivamente tétricos decorados góticos.

En el año 1971 Jess Franco estrena “Vampyros Lesbos” -hoy considerada por muchos fanáticos del cine de vampiros como una película de culto- La historia homoerótica de una seductora vampira llamada Nadine, protagonizada por la bella y definitivamente exuberante Soledad Miranda.

Uno de los aspectos más interesantes de la película es su ecléctica banda sonora, la cual sencillamente no tiene desperdicio, y que fue compuesta por el mismo director Jess Franco y los alemanes Manfred Hubler y Siegfried Schwab.

En 1987 Joel Schumacher dirige “Los Muchachos Perdidos” la primera película de vampiros adolescentes; aquí los vampiros son criaturas inmortales, despreocupadas, que pasan su vida de fiesta y cometiendo todo tipo de excesos. En esta cinta el mito del vampiro pierde por primera vez su anquilosada fórmula de abolengo social para convertirse en algo urbano, más cercano a la juventud del momento. Una película entretenida, sin pretensiones más allá del “box office” -los beneficios de taquilla-, de esas que se disfrutan ampliamente con una bolsa de pop corn.

Entrados los noventas, en 1992, Francis Ford Coppola dirigirá una de las películas más memorables del género de vampiros “Drácula de Bram Stoker” según rezaba el argot publicitario: la adaptación más fiel que se ha hecho a la novela original, esto a pesar de que se nos muestra en la película una visión mas digerible y edulcorada del conde y de que se incluye una vez más, la profunda historia de amor que comparten el conde Drácula y Mina Harker, una línea dramática que como ya comentamos anteriormente, NO sucede en la novela original de Stoker.

La película, obtuvo 4 nominaciones a los premios de la academia norteamericana –Oscars-, de los que, muy merecidamente, ganó tres: mejor diseño de vestuario, mejor maquillaje y mejor edición de sonido.

Es particularmente interesante observar en esta versión el sufrimiento del vampiro –interpretado con mucha convicción por Gary Oldman- quien incluso llega a llorar de amor por el personaje que interpreta Winona Ryder.

En 1994 Neil Jordan realizó “Entrevista con el vampiro” basada en la novela del mismo título escrita por Anne Rice. En esta película se detalla un vampiro casi humano que no se adapta al papel de depredador y que sufre remordimientos al momento de matar y alimentarse; también es interesante notar que los vampiros aquí retratados parecen ser seres asexuados que anhelan el amor homosexual, algo que se demuestra claramente en el deseo de estos vampiros por convivir eternamente al lado de otro vampiro de su mismo sexo; en efecto en esta película observamos claramente, y no de modo sugerido, a un vampiro masculino alimentarse directamente con la sangre de otro hombre.

En el mundo de la televisión, en el 2008 se estreno “True Blood” una serie definitivamente entretenida que propone interesantes avances en lo que al mito vampírico respecta, ya que su línea temática se desarrolla en un mundo en el que los vampiros salen a la luz pública y comienzan a vivir sus vidas directamente mezclados en la cotidianidad de los humanos.

Antes de terminar no puedo dejar de mencionar en esta lista la alucinada “Vampyr” de Carl Theodore Dreyer, donde se sugiere por primera vez la posibilidad de una pandemia vampírica, “La danza de los vampiros” de Román Polanski, donde salen el primer vampiro judío y el primer vampiro homosexual, “Nosferatu, vampiro de la noche” de Werner Herzog, una aterradora y muy interesante versión del “Nosferatu” de Murnau, “Blacula” de William Crain, película de “blaxploitation” –explotación negra- en la que se narra la historia del primer vampiro negro en la historia del cine, “Martin” del maestro del terror George Romero, la historia de un adolescente asesino que cree ser un vampiro, “El ansia” de Tony Scott, que de un modo muy sofisticado retoma el lesbianismo vampiríco y por ultimo “Let the right one in” de Tomas Alfredson, la muy interesante película que retrata un episodio en la vida de una pequeña vampira de 12 años.

La verdad es que creo que las historias de vampiros se multiplican y siempre nos resultarán atractivas, por un lado por la infinita necesidad que tenemos los seres humanos de ser entretenidos de lo que es nuestra cotidianidad habitual, y por otro lado por la capacidad que han adquirido estos personajes sobrenaturales para afinar y definir su naturaleza arquetípica como figuras de la muerte y del amor.

Así, claramente, cuando los vampiros estén ligados al mal, les veremos representados como criaturas mortíferas, asesinas y depredadoras, poseedoras de una crueldad malsana que muchas veces raya en el sadismo. Y cuando los vampiros representen al bien poseerán la capacidad de enamorarse y de amar con el ardor de una pasión irracional, arrasadora y sin barreras, que tiene la clara promesa de ser eterna.

Sin duda uno de los temores y de las ilusiones más grandes y atávicas que tenemos todos los seres humanos que aun no hemos atravesado el umbral de la muerte.

NOSFERATU F.W. Murnau


DRACULA Tod Browning


HORROR OF DRACULA Terence Fisher


VAMPIROS LESBOS Jess Franco


THE LOST BOYS Joel Schumacher


BRAM STOKER DRACULA Francis Ford Coppola


ENTREVISTA CON EL VAMPIRO Neil Jordan


TRUE BLOOD Alan Ball


VAMPYR Carl Theodor Dreyer


THE FEARLESS VAMPIRE KILLERS Roman Polanski


NOSFERATU Werner Herzog


BLACULA William Crain


MARTIN George A. Romero


THE HUNGER Tony Scott


LET THE RIGHT ONE IN Thomas Alfredson