Por Vicente Ulive-Schnell
Una de las películas más esperadas en Francia este año es sin duda la cinta de Olivier Assayas, "Carlos", que intenta dar vida a la historia del terrorista venezolano. Dirigida por el respetado y discreto cineasta galo que ha producido algunas joyas recientes como "Clean" (2004) y "Boarding Gate" (2007) y protagonizada por el venezolano Edgar Ramírez, "Carlos" fue precedida de una agresiva campaña publicitaria que seguramente dará los resultados esperados en taquilla.
Ahora bien, a pesar de todos los aspectos positivos que podemos encontrar en la película, el trabajo de Assayas peca de los mismos errores de muchos biopics recientes: la pérdida de la línea narrativa dentro de la vida de un personaje tan fascinante y contradictorio que el propio director parece querer filmar hasta el más mínimo detalle. Error de edición o cameraman gatillo alegre, "Carlos" se presenta como una serie de televisión y/o una película de 3 horas. Esto estaría bien si fuese la primera vez en años que se le ofrece al espectador esta propuesta, pero después del "Ché" de Soderberg, con sus dos partes y sus "proyecciones especiales" en ciertos teatros de las más de cinco horas seguidas, se hubiese esperado que Assayas pensara mejor cómo presentar su trabajo.
El propio Assayas describe el proyecto como un "superfilm", una película que no se adscribe al formato televisivo o cinematográfico sino que "cuestiona las fronteras del cine" (revista Trois, mayo de 2010). "Carlos" nace de una apuesta de Canal+ de dar rienda libre al director, lo cual le permitió imponer criterios imposibles dentro del cine convencional: rodar sin una estrella de renombre, en lengua extranjera y de duración excesiva.
Entonces, después de haber aclarado esto, vale la pena hablar de los méritos y las limitaciones de la cinta. Todos estos son un subproducto de la escogencia de rodar un "superfilm" de la parte de Assayas. Resulta que la película se balancea entre la estética y la narrativa del telefilm y el cine, a veces de manera violenta y forzada. Para empezar, el etalonaje de los colores y la escogencia de una imagen lavada/sobreexpuesta parece responder a las necesidades del telefilm más que al cine, por lo cual el espectador acostumbrado al ambiente sombrío desarrollado por Assayas en "Clean" se sorprenderá. Sin embargo, cuando la película flexiona sus músculos de superproducción cinematográfica, como en todas las reproducciones de las ciudades y países de la época: Damasco, Beirut, Argelia, París, etc., el resultado es totalmente convincente. Decenas de extras, automóviles de la época, cigarrillos; Assayas trabajó meticulosamente todos los detalles, lo cual se erige en uno de los puntos más favorables de la película.
Es por esto que el trabajo decepciona cuando vira furiosamente hacia las técnicas del telefilm en medio de una puesta en escena magistral. ¿Tiene otra explicación el hecho de que todas, absolutamente todas las transiciones entre escena y escena, se realicen con fundido a negro? Y me permito una digresión personal: ¿Puede haber algo más aburrido y poco creativo que el fundido a negro, seguido de un fade-in en la próxima escena? Esto responde evidentemente a una necesidad televisual, un cariñito a Canal+ para que puedan insertar propagandas donde mejor les plazca. Sin embargo, cuando el espectador asiste al cine espera ver algo más que una serie proyectada en la gran pantalla.
Este va-et-viens entre televisión y cine resulta catastrófico en otras partes de la película, sobre todo en lo que respecta a las decisiones de edición y ritmo. Si bien es cierto que las series televisivas se caracterizan por una aceleración de la trama, un apogeo y una resolución que nos conducirá hacia el capítulo siguiente, hacer esto en una película varias veces, parece ser una idea malísima, si tomamos "Carlos" como referencia. La cinta empieza de manera explosiva, imponiendo un ritmo frenético que nos mantiene pegados al asiento, de hecho, no ha pasado ni media hora de largometraje y ya estamos siguiendo a Carlos en el famoso secuestro a la OPEP. Acá veremos asesinatos, sangre, acción… Y luego pasaremos dos horas y media viendo a Carlos filosofar sobre el imperialismo, beber y comer, todo a ritmo de caracol escargot francés.
Sin embargo, se puede creer que estamos siendo demasiado injustos o severos con la película. Es verdad: personalmente, la ocasión desperdiciada me duele más que la película mala desde el principio. Porque "Carlos" tenía todo para ser una película memorable. "Carlos" podía haber sido la película del año. Han sido las pequeñas cosas, la idea estrafalaria de hacer un "superfilm", la edición de serie de televisión, las transiciones dignas de 24 con Kiefer Sutherland, lo que opaca los elementos más geniales de la cinta.
Sin duda, la revelación de la película y su aspecto más glorioso se resume en dos palabras: Edgar Ramírez. Impresionante. Brutal. Crudo y creíble. Si no fuera por el trabajo del venezolano, esta cinta iría directo a la sección straight-to-DVD, de películas sin distribución. No digo esto como apologista de Ramírez, soy de los que, después de haberlo visto en 3 o 4 películas, todavía no lo había visto actuar. Ya fuese con su interpretación "no puedo creer que esté en esta película" de la serie Bourne, su caricatura malandra-risible a lo DJ 13 en Domino, o el peor Cyrano en la historia de la obra, admito que el nombre de Ramírez no me inspiraba para nada confianza (ni hablamos de cuando se le ocurrió hacer Venezzia).
En cambio, en "Carlos", Edgar Ramírez *es* la película. Aparte de un trabajo físico remarcable que lo lleva a engordar, adelgazar y cambiar de apariencia a lo largo de su interpretación, el venezolano convence, se muestra carismático y nos lleva de la mano en la transformación del personaje de un "guerrillero" a un vulgar mercenario.
Este último aspecto es el otro gran logro positivo del trabajo de Assayas. El director francés se esfuerza en interrogar el ethos de su protagonista y nos conduce a través de su "lucha" contra la opresión mundial que desemboca, predeciblemente, en el mercenariato a favor de los intereses más retrógrados del planeta. Assayas logra seguir a su personaje en esta transformación, en gran parte debido a un gran reparto que nutre el discurso revolucionario de la época.
Es por todo esto que es lamentable que las cuestionables escogencias técnicas y estéticas hayan perturbado la historia. No es exagerado decir que cualquiera que vea la película encontrará, fácilmente, 20 minutos de sobra que se hubiesen podido eliminar en la edición para darle más fuerza a la narración. Es una lástima que, si comparamos el trabajo de Assayas con la excelente "Mesrine" de Jean-François Richet del año pasado, podemos entender lo que "Carlos" hubiese debido ser. Rodada directamente para el cine, la doble película con Vincent Cassel a la cabeza sigue la vida real del enemigo público número uno de Francia, quien se escudaba en un discurso anarquista. "Mesrine" se destaca porque Richet intenta construir y resaltar la interpretación de Cassel. Assayas, en cambio, parece haber hecho todo lo posible por estorbar el excelente trabajo de Ramírez.
En fin, dado el desierto cinematográfico actual, "Carlos" es una película altamente recomendable, insisto, gracias a Edgar Ramírez. Pero igual que el terrorista venezolano pasó su vida pensando en lo que pudo haber logrado, la cinta de Assayas, buena ma non tropo, nos hace extrañar lo que la película hubiese podido ser al simplemente ponerse de acuerdo sobre qué filmar: un telefilm o una película.
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domingo, 8 de agosto de 2010
"Carlos" de Olivier Assayas: un "superfilm", de guerrillero a mercenario.
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Vicente Ulive
jueves, 4 de febrero de 2010
CORTOS SIN PRESUPESTO: Tecnología y video
Hace unos días estuvo por estos lares nuestro amigo Vicente Ulive, quien además de venir a visitar a su familia y amigos aprovechó para promocionar sus cortometrajes Permanence y Cold Wave Boy en Bar Teatro y en la Librería El Buscón (Caracas). En dichos eventos Vicente compartió sus experiencias y conversó sobre lo que significa hacer cine guerrilla.Lamentablemente no pude asistir, pero el tocayo me mandó un texto que leyó en ambos lugares, el cual les dejo aquí abajo. El texto es referencia obligada para aquellos que tratamos de hacer cine sin presupuesto.
(texto leído el 25/01 en el Bar Teatro y el 28/01 en la Librería El Buscón, Caracas).
Nuestra generación aún no ha entendido el inmenso potencial que pone la revolución digital a nuestros pies: un acceso irrestricto a todo tipo de medios, a la más refinada tecnología, con una inversión mínima o inexistente.
El cine “guerrilla” se caracteriza por su irreverencia: una ignorancia total y absoluta por el monopolio cultural que llevan a cabo los centros de poder privados y públicos. Sí tienes una idea, siempre hay formas de plasmarla. Los tentáculos del poder intentan arrullarnos con sus babosas redes de control, tratando de perpetuar ideas anacrónicas: no puedes hacer cine sin nuestro apoyo. No puedes publicar sin arrodillarte para besar nuestro resplandeciente anillo. ¡Patrañas!
Nos reunimos un grupo de amigos en un bar. Un escritor, un fotógrafo, un actor y un músico, atraídos por la idea de hacer algo juntos. Se decidió rápidamente: rodaríamos un cortometraje. Vaciamos nuestros bolsillos: con el tlín de las escasas monedas que rebotaron sobre la mesa, juntamos un presupuesto haitiano, una cifra risible de 400 euros que dos parejas se gastan fácilmente en una cena con vino.
Atacamos nuestra idea estrafalaria, garabateamos un guión ambicioso que contenía escenas imposibles de filmar: el protagonista saltando 40 metros en el aire para caer en un río, personajes que caminaban en las vías del metro al lado del tren.
El rodaje duró 8 días, la mitad del presupuesto se nos fue en la escena del bar, donde el equipo consumió ochenta cervezas. Pasamos noches en vela en los foros de Internet tratando de aprender cómo utilizar el Final Cut, viendo videos didácticos sobre cómo editar una escena, cómo limpiar el sonido. Los cliqueos obsesivos, control “Z”, deshacer, deshacer, deshacer; dominaron nuestra existencia.
Finalmente, logramos zafarnos de las garras de aquellos que creen que todo se puede controlar. La ortopedia del poder se manifiesta en todos los ámbitos, muletas institucionales y bocas que ríen con sorna ante nuestros esfuerzos, para ellos, nada “serios”.
¡Pero tenemos como! Podemos demostrar que su ídolo tiene pies de barro. Sin embargo, que no se nos malinterprete: esto no es una cruzada contra el sistema. Simplemente, reivindicamos nuestro espacio, nuestra libertad y nuestro derecho de explotar el poco talento que tenemos, por los medios que sea. Basta con estirar el dedo y arañar el teclado para sentir el perfume exquisito de un mundo virtual, sin reglas, que se abre ante nosotros como una virgen que expone su tesoro más preciado ante el púlpito de nuestros deseos. Todos tenemos acceso a esta plataforma. Todos somos parte del potencial mesiánico de Walter Benjamin, con el sólo apretar una tecla en el ordenador. Todos podemos robarnos un beso, sacrificando cenas onerosas para reunir unos cuantos cobres y plasmar nuestras ideas en imágenes.
Los dejamos entonces con una lista “poco seria” de cosas a tomar en cuenta para ampliar este camino:
La revolución sí será televisada. No hay tema demasiado complicado ni ideas que no se puedan rodar. Hay que pensarlo: en el guión está la salvación. Juega con lo que tengas a la mano, mira a tu alrededor: espacios, apartamentos, casas de los panas; tomas callejeras, personajes absurdos, cuentos inversosímiles. Las ciudades guardan secretos en todas sus esquinas. Mira, observa, escribe.
Si lo escribes, ellos vendrán. Los actores trabajan en función de las ideas del guión. Si el guión es interesante, ellos se sacrificarán y trabajarán sin cobrar. Ofrece experiencias inolvidables en vez de dinero: fiestas en las noches, chicas bonitas dando vueltas por el set, descargas musicales. Mantenlos contentos y ellos harán su trabajo.
Debes ser un negociante fino. Usa todo lo que tengas a tu disposición: ofrece fotos gratis, traducciones, diseños de páginas web, clases de salsa; cualquier cosa que pueda entusiasmar al equipo para abocarse a trabajar en el proyecto. Uno de los actores nos pidió que le pagáramos 400 euros por su actuación. Después de horas de negociación, lo convencimos con un mango, veinte euros, una bolsa de té importada y un bong usado. Siempre hay maneras.
Cine guerrilla significa que no hay tiempo para nada. No tienes seguro para los actores. No tienes permiso para rodar. Todo tu equipo tiene que estar listo para correr si llega la policía. Prepara cintas vírgenes que le entregarás a las autoridades si te dicen que tu película está decomisada. Practica el paquete chileno. Nunca pelees. Di que eres un estudiante de cine haciendo algo para una Universidad. Cálmalos, y cuando puedas, corre por tu vida y tu película.
Aprovecha la Internet. Utiliza el principio de “Internet libertaria”: si el programa o archivo existe en la red, tienes derecho a robártelo. Hazte experto en los sitios torrents. Baja todo lo que necesites. Busca las claves. Jamás hagas los updates o perderás el Final Cut Studio Pro de cinco mil dólares que te robaste. Recuerda: lo estás utilizando con fines no-comerciales. Yo prometo reembolsar o adquirir los programas cuando tenga dinero para ello, por ahora, hay que darle la vuelta.
Si no lo sabes, apréndelo. Sé autodidacta. No tienes dinero para un editor, así que tendrás que hacerlo todo tú. No desesperes: ingresa en los foros, estudia los videos que te explican para qué diablos funciona la herramienta cortar o cómo hacer subtítulos. Todo está allí: sólo tienes que conseguirlo.
Distribuye tu corto. Una vez listo, existen miles de concursos a los cuales puedes enviar tu trabajo. Aparte de eso, trabaja junto a las redes locales y alternativas para proyectar tu video. Rueda la voz, multiplica las iniciativas. Los sitios existen, si tu trabajo es bueno, la gente lo apoyará.
Concluiré diciendo que este año, junto a algunas personas de Panfleto Negro –porque Panfleto Negro es un grupo completamente abierto y anárquico-, estaremos intentado construir alternativas en torno a esta idea para-estructural. Si tienes algo que decir, ya sea en fotografía, literatura, música o video, es preciso entender que no estás solo. Somos muchos, y nos iremos agrupando alrededor de ideas diferentes para buscar, por todos los medios posibles, la manera de expresarnos. No tenemos que depender de nadie, ni de los entes privados o públicos. Sólo se trata de eso: tener una idea y encontrar la forma de llevarla a cabo, alejados de todos los centros de poder. Porque como decía la mejor filósofa del siglo XX, Mafalda, “una pulga no puede detener un tractor, pero sí puede llenar de ronchas al maquinista”.
Vicente Ulive-Schnell (ulive@msn.com)
Permanence (Subtítulos en ESPAÑOL) from m. holden warren on Vimeo.
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