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martes, 9 de septiembre de 2008

En Venezuela se gesta una tendencia de Cine Independiente

Colaboraciones
Por José A. Rivas G
.

En las salas de cine de nuestro país se han estrenado más de 30 películas en los últimos dos años. De este boom del cine venezolano, tan sólo 6 han sido producidas sin la ayuda del Estado. Una de ellas es la recién estrenada El Enemigo, una muestra de cine independiente y de bajo presupuesto que parece dar una mirada diferente a los temas usuales en nuestra cinematografía.

Hablar de cine independiente es hacerlo sobre la base de una definición que todavía no está muy clara. En la tierra de Los Ángeles, California, podría significar dotar de este título a todas las producciones realizadas fuera del sistema de estudios de Hollywood. En el seno de los Independent Spirit Awards, premios que se otorgan desde 1984, significa un límite de 20 millones dólares como techo para la participación en los galardones.

Pero en los filmes indie, como por analogía al medio musical, también se ha llamado esta tendencia en el séptimo arte; se han presentado incoherencias que alarman a algunos directores. «Los grandes estudios crean divisiones en las que producen películas más baratas, a las que llaman independientes y con esa excusa pueden pagar menos a actores y directores», asevera John Sayles en una entrevista que El País de España le hiciera a este director independiente.

Sin embargo, en nuestro país, los únicos estudios que existen –sin tentar la comparación con los de Universal Studios, recientemente reducidos a cenizas– son los de la productora del Estado, La Villa del Cine. Además, según cifras de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (ANAC), una película venezolana ronda entre los 600 mil y un millón de dólares.

Entonces, desarrollar visiones particulares sobre temas que muchas veces son poco tratados, es realizar cine independiente en Venezuela, sin financiamiento estatal y con los recortes presupuestarios que esto significa. Después de todo: «Ser independiente no significa hacer películas de bajo presupuesto sin el apoyo de un estudio… es una manera de innovar a fuerza de inspiración y necesidad», como sentenció con vasta sabiduría Martin Scorsese en los Spirit Awards de 1990.

PNI o NPI (No poseo información)
A raíz de la promulgación de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, en enero de 2005, en el país se empezó a hablar de Producción Nacional Independiente (PNI). Esta figura, según el Artículo 13 de dicha ley, debe estar desligada de los prestadores de servicios de radio o televisión y “poseer experiencia o demostrar capacidad para realizar producciones nacionales de calidad.” Sin embargo, se aclara que “todo lo relacionado con la producción y los productores nacionales cinematográficos se regirá por la ley especial sobre la materia”.


En la reformada Ley de la Cinematografía Nacional, que entró en vigencia el 28 de noviembre de 2005, se establecieron nuevos mecanismos de financiamiento y fondos para apoyar la producción nacional. Sin embargo, no se hacen distinciones para los productores independientes y según Roman Chalbaud, incluso fueron modificadas algunas de las reivindicaciones que los gremios habían logrado años atrás: «Es una lucha contra el poder, el poder de la Motion Picture (MPAA). Cuando se fue aprobar la Ley de Cine en 1992, el señor Jack Valenti [para entonces presidente de la MPAA], llamó al señor presidente, que era Don Carlos Andrés Pérez, y le dijo: ‘es absurdo que haya una Ley de cine en Venezuela’. Eso fue intervencionismo. Pero el señor Carlos Andrés Pérez cayó y quitaron esos articulados que tanta falta nos hacen, porque sin esos artículos, ¿qué hacemos?». Así puede leerse en una transcripción del Foro Derechos Culturales celebrado en el CELARG el 13 de octubre de 2004.

Entre los artículos a los que se refiriera Chalbaud, está el 57, que en principio favorecía la inversión privada en el cine, posibilitando la deducción de dichas inversiones en la declaración del IVA. Sin embargo el artículo publicado en Gaceta Oficial terminó cambiando este incentivo, para que tan sólo las inversiones privadas fueran incluidas «como gasto en la determinación del impuesto sobre la renta».

Por eso, durante la realización del Foro “Políticas Públicas en el Cine”, organizado por el Ministerio de la Cultura en marzo de 2007, la mesa de trabajo correspondiente a la inversión del Estado convendría la modificación del artículo 57: «de forma que estimule realmente una mayor inversión de la empresa privada, permitiendo el descuento, hasta un tope a ser fijado, del impuesto sobre la renta, para lo cual se preparará redacción concreta y se someterá a estudio de MinCultura y el SENIAT.» Hasta el momento no se ha realizado tal estudio.

Quizá sea por lo que Andrea López, directora de Los Olvidados de
Clemente
(2005), asegura en una entrevista publicada en el blog El Cinescopio: «Hacer una película independiente es asumir la responsabilidad de una obra que va a decir algo que quizá al establishment –en este caso los entes financiadores oficiales- o los distribuidores-exhibidores monopólicos, les molesta y por lo tanto, no van a poner ni medio en tu propuesta.»

A la hora de sobrevivir, cada “bolívar” cuenta
«En este país la única justicia que priva es el poder y el billete, con cualquiera de esas dos cosas eres inocente así hayas jodido a media humanidad», dice un veterano confidente al protagonista de “Reincidente” (1977).

Éste revelador monólogo de la película del director Clemente de la Cerda, a su vez inspiración del documental de Andrea López, parece denunciar uno de esos axiomas que aborrece cualquier gobierno. Según la documentalista: «hacer pelis independientes implica riesgo, una actitud subversiva. Esto debe tenerlo uno claro y asumir lo que conlleva.»

Los realizadores del largometraje Señor Presidente (2007) deben haber
abordado su proyecto con esto en la mente. Sobre el mismo, el crítico Alfonso Molina,
escribiría en su blog Ideas de Babel: «El venezolano Rómulo Guardia adaptó al cine
la novela del premio Nobel guatemalteco para establecer un vínculo significativo —no
confeso— entre su historia y sus personajes con el régimen que actualmente gobierna
Venezuela.»
El mismo que revocara la concesión de Radio Caracas Televisión,
productora de la película junto a Angostura Films.

Parece ser cierto, lo que John Sayles, también en el artículo Robin Hood del
celuloide
de El País de España, considera: «todo el cine que se hace es político porque
lanza mensajes sobre el statu quo y cómo mantenerlo. Lo que ocurre es que refleja
cómo la sociedad se ve a sí misma. ¿Hace cuántos años que no ves una película en la
que alguien aborte?»


A la pregunta, parece haber querido responder Freddy Fadel con su 13 segundos (2007). Según su sinopsis, publicada en la web oficial del filme: «Un relato inspirado en hechos reales donde cinco bebés y sus madres ponen al descubierto sus miedos en una apuesta entre la vida y la muerte; una cruel realidad los llevará a descubrir que, a la hora de sobrevivir, cada segundo cuenta».

El cineasta ha emprendido sus dos producciones con financiamiento privado. Piensa que «no podemos esperar que todo lo dé ‘papá Estado’, algunas cosas tendrá que dar por lo difícil que es hacer cine, pero hay que caminar también por otro lado». Confiesa que no cree en las etiquetas de cine comercial y cine de arte; cree en el cine de público, de audiencia. «Me parece que el objetivo del cine es entretener. Esa disociación no debe existir, todo tiene su arte. Hacer reír es tan artístico y tan complejo como hacer llorar o 'pensar', entre comillas», declaraba para El Universal en un artículo del 26 de marzo de 2007.

Una de los personajes principales en esta película es el interpretado por Lourdes Valera, que al ser inquirida sobre su participación en el largometraje, reveló que no estaba de acuerdo con el aborto. «Estoy más de acuerdo con la educación para que la gente no tenga que llegar a abortar, que se den métodos preventivos (…) y sobretodo en mi caso que hice tantos tratamientos de fertilidad en la vida real.» Lo cierto es que «cuando tú tienes tu plata para hacer tu película, tú la puedes hacer como te dé la gana», afirma Valera con respecto a la visión que generó polémica a partir de la película. Continúa: «Freddy lo que quería contar era un no al aborto. (…) Aquí a la gente, de repente, le pegó un poquito porque el que está a favor del aborto lo veía como una visión muy cerrada de Freddy. Yo simplemente creo que era su dinero, que él era el director y que él lo contaba como quería contarlo.»

Llama la antención, que en el blog de un insider del circuito comercial venezolano, “Luz!… Cámara!… Splat!”, se anunciaba para agosto de 2007 la siguiente confidencia: «13 segundos estará alcanzando los Bs. 3.000 millones en recaudación este fin de semana, convirtiéndose así en apenas la segunda producción nacional en llegar a esa cifra después de Secuestro Express».
Precisamente ésta cinta, estrenada en 2005, bajo el apoyo de la estadounidense Miramax para su distribución, ha sido una de las más taquillera en la historia del cine venezolano, casi llegando al millón de espectadores. Siendo una película realizada sin el apoyo del Estado, estuvo exhibida en salas de Estados Unidos, México e Inglaterra, por nombrar algunos de los países extranjeros donde consiguió comercialización. Pero hay quien la incluye en el mismo saco de las películas de groserías, malandros y prostitutas.

Una realidad impactante, un cine impactante
«A partir de Soy un Delincuente (1976) se genera como una matriz de expresión
en el Cine Venezolano donde la marginalidad, la delincuencia y el desequilibrio del
aparato jurídico venezolano se tornan muy evidentes, se manifiestan de una manera
muy contundente. Es que a partir de ese ejemplo, repito, es que puede haber surgido
este cine de guerrilleros, prostitutas y malandros»
, afirma el crítico Alfonso Molina en
el documental Los Olvidados de Clemente de Andrea López.

Este trabajo de no-ficción bautizado en los espacios de “Estrenar el Cine Nacional” de la Cinemateca, no ha sido el único documental realizado de forma independiente en los últimos años. La visión emotiva y conmovedora propuesta en Tocar y Luchar (2006) de Alberto Arvelo, comenzó siendo un encargo del Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, con el apoyo del CNAC y producido por Cinema Sur y Explorart Films. Esta casa productora fue también la encargada de Más Allá de la Cumbre (2008), acaso el segundo documental que logra colarse en las carteleras comerciales de nuestro país.

Pero, aunque en las salas de cine, espacio por excelencia del séptimo arte, es donde puede medirse el éxito comercial de una película, sería ilusorio afirmar que es allí el único lugar donde el público venezolano ve sus películas. El fenómeno de la piratería, mal que bien, ha permitido la difusión de trabajos atrevidos, realmente independientes, incluso, inocentes. Este es el caso de Azotes de Barrio en Petare.

Al preguntarle a su director, Jackson Gutierrez, acerca del fenómeno que causó su película, no duda en afirmar que la piratería es algo muy grande. «Incluso, cuando salió Atrapadas” (una miniserie que realizó para ÁvilaTV) yo no se la zumbé a los buhoneros, y ya estaba en los buhoneros. Fui a un pana mío que es buhonero y ya tenía como 100 mil copias y eso es algo que se extiende ya a nivel Internacional. Los buhoneros se encargan de llevarla afuera del país. Pero eso es algo que yo no critico mucho porque gracias a ellos fue que me llevaron a la fama.»

Pero, aunque el que cría fama se acuesta a dormir, en la época de “Azotes…” Gutierrez tuvo que ajustarse, ya que el largometraje hecho en video fue de bajo presupuesto. «La hice nada más con 200 mil bolívares, salí a la calle, me compre una handycam de Hi8 y reuní un grupo de panas y salí a grabar mi vaina.» Pero está seguro de algo: «A mí me dan nada más 200 millones y haría tremenda película.»

Para los que, como en el documental de López, cuestionan «¿por qué íbamos a plantear nuestros trapos sucios para que los vieran en otras partes? ¿por qué esas cosas tan feas que tenemos, las van a saber en otras partes?», Esther de La Cerda, hermana de Clemente, ofrece su respuesta: «Él lo dijo: es que no es cuestión de que no lo sepan, es cuestión de corregirlas.»

Sin embargo, el disentimiento ha sido plato de todos los días y Gutierrez, quien ahora es productor en ÁvilaTV, responde a sus opositores: «Yo le diría a esa gente, que me perdonen la palabra, pero es de ignorantes esconder las cosas que se viven en el país. Porque uno lleva la realidad para que los jóvenes reflexionen, (…) que no agarren ese mal camino. A los padres, que tienen que ponerle un ojo a los jóvenes para que vean qué es lo que se está viviendo en los barrios y estén pendientes de ellos. Y las personas que critiquen que no la vean y listo, que no le compren la película a los piratas y no la vean».

Y es aquí donde surge otra propuesta de cine serie B, ése que se hace con bajo presupuesto, actores desconocidos y escasos valores cinematográficos. Pecho Canníbal, cuyo trailer en YouTube la proclama como «la película venezolana más impactante, impactante», es un largometraje de «ciencia ficción» protagonizado, escrito, editado, producido y dirigido por William Sarquiz. Este cantante de música llanera se avoco a la realización de una especie de Indiana Jones o Cocodrilo Dundee criollo, que se enfrenta, en idioma indio-spanglish, a un sinfín de adversidades.

«Yo le voy a decir mi verdad, yo tengo una opinión muy personal y muy independiente. (…) Eso es muy triste contar una historia bonita en un escenario deprimente por decir los barrios de Caracas, las casas de cartón o las casas marginales de Caracas. (…) Si colocamos una historia bonita, dentro de una locación bonita, la gente va a salir ganando porque se va a llevar una buena impresión, acá en Venezuela y en el exterior, (…) pero mientras tanto, vamos a estar sufriendo la depresión, a la gente falta estimularla para que vayan al cine a ver una película interesante contada por los directores venezolanos.», expone Sarquiz en una especie de decálogo que bien pudo llevarlo al Festival del Cine Venezolano realizado en Mérida el pasado noviembre de 2007.

El Enemigo del cine nacional
El Enemigo (2008) está basada en la obra de teatro Un corrío muy mentado, de Javier Moreno. «La obra me conmovió profundamente, pues sin dejar de mostrar con dureza la realidad de unos sentimientos, no perdía de vista la posibilidad de la compasión cuando eres capaz de reconocerte en otro. Y lo hace sin sentimentalismo», explica sobre el origen del largometraje, su director, Luis Alberto Lamata, en una entrevista que hiciera Vicente Forte Sillié para el blog El Cinescopio.

El también director de la épica histórica financiada por La Villa del Cine, Miranda Regresa (2007), vislumbra que «el futuro del cine es que tengamos muchas puertas que tocar. (…) Hay una gran cantidad de figuras que debemos considerar, de manera que si la Villa del Cine no te acepta tu proyecto, puedes ir al CNAC, y si el CNAC no lo considera, pues que exista la opción de hacer cine independiente. Hay que
crear las conexiones y las redes para crear el cine independiente.»


La protagonista de El Enemigo, Lourdes Valera, a modo de conclusión: «Es una película que toca un tema que duele mucho en el país, que lamentablemente sigue ahí latente que es la delincuencia. Cómo todos los días muere alguien en un hospital, en una clínica, y cómo a veces algunas personas actúan como el enemigo. Si tú actúas como el enemigo, eres el enemigo. »